Descubre la «poesía del despojo» de la moreliana Lucía Rivadeneyra. Analizamos su trayectoria, sus cicatrices literarias y su más reciente evento en Morelia.
Existe una lucidez implacable en la mirada de Lucía Rivadeneyra (Morelia, 1957) y se puede confirmar a través de los textos dispuestos para esta lectura. Sus versos poseen el pulso de una poesía de lo hogareño y de la herida que avanza sin adornos inútiles, con la precisión de un escalpelo. Es una “poesía del despojo” y de la memoria material, donde los objetos (una argolla, una maleta, las sábanas, una duela vacía) cargan con el peso metafísico del rencor, la costumbre y el adiós. Hay en ella una pasión por reflejar el silencio que solo los poetas verdaderos logran desenterrar de las esquinas más cotidianas. “No tomaron en cuenta... el agua del silencio”, escribe ella misma, y ahí está su método: pesar lo que otros no pesan. Las mudanzas, las maletas insuficientes y las sortijas abandonan su naturaleza inerte en el mostrador de una casa de empeño para convertirse en ejemplo de la erosión humana. Su escritura posee la rara virtud de no buscar la metáfora complaciente, sino el peso específico del plomo, el vinagre y el moho que se acumulan cuando el amor o los años deciden cambiar de sitio.
La autora nos invita a cruzar el umbral: tres poemas pertenecientes a su plaquette más reciente, De capital enfado son los verbos; el cuarto, en cambio, permanece inédito en libro. Simultáneamente, es una invitación a conocerla a través de su memorable antología personal bilingüe, In ogni cicatrice c’è la vita / En cada cicatriz cabe la vida, vertida al italiano por Emilio Coco y publicada por Raffaelli Editore (Rímini, Italia, 2020). En estas páginas, el lector no hallará un refugio tibio, sino un espejo de sombras pulidas con maestría sobre el envés de la ausencia; un territorio donde la palabra es, a la vez, herida y bálsamo, y donde el nombre verdadero de las cosas tiembla y se defiende con una sonoridad natural, poética y legítima, más allá de cualquier frontera.
Con una trayectoria forjada en el rigor académico, el periodismo y la alta creación literaria que la ha hecho merecedora de galardones definitivos como el “Elías Nandino”, el “Enriqueta Ochoa” y el “Efraín Huerta”, Rivadeneyra nos entrega la resistencia doméstica y la expiación. Sus versos avanzan con un ritmo contenido, casi secreto, donde cada línea es una incisión precisa en la memoria. Leerla es asistir al inventario de lo que se deja atrás: el polvo en las esquinas, las manchas de humedad que absorbieron suspiros y el pavor inmutable ante los espacios que se cierran.
Rafael Calderón
Rafael Calderón (Morelia, Mich, 1976). Ha publicado poesía y ensayo. Es autor en ensayo de Pablo Neruda en Morelia (2024) y en poesía Recuento de Estos días (2024) y tiene en proceso de edición El turno y la presencia. 200 años de poesía en Michoacán 1825-2025, por Centzontli Pájaro de cuatrocientas voces.